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Celeste

Ya desperté, eso me hace sonreír.
Y con los dientes hacia el sol se desperezó lentamente, suave. Giró su cuerpo, y vio los restos de la noche de ayer esparcidos como mugre en el día claro de hoy. El libro de bolsillo era lo que incomodaba en las costillas, anoche me dormí leyéndote. Agarró los cigarrillos, los dibujos de crayón y se levantó.

Con su cuerpo tibiamente sucio, la vida ensucia. Vivir implica esto, y tomar la escoba y barrer. Y que la mugre nunca se limpia, simplemente se corre de lugar. Del suelo, a la pala, de la pala a la bolsa de nylon. Y del nylon, al tacho. Dejando la escoba y mirando el piso, ya desperté, eso me hace sonreír. Quizá un camión de basura, y... ¿algún acantilado? Por qué acantilado, montaña de residuos que se me antoja con lavarropas viejos de alguna señora, utilizables claro, pero tan lleno de ese basural. Que allí queda. Abrir la ventana, que el viento purifique.